sábado, 1 de abril de 2017

"TIERRA MADRE" - Prólogo

Tierra madre

Prólogo

Sinceramente, no sé cómo se escribe un prólogo para un libro que en esencia, es la historia de mi propia vida y la búsqueda incansable de mis raíces polacas y mi propia familia.
En mi primer publicación “Mundo Eslavo”, que en gran parte tenía también que ver con esto, decía en el prólogo que ese libro era la conclusión de aproximadamente catorce años de búsquedas, búsquedas personales y familiares, relacionadas precisamente con mi abuelo polaco y con este país que para mi, nunca fue un lugar alejado más allá que los mapas así lo indicasen, sino parte misma de mi ser, mi carácter, mis rasgos, mi alma…si tuve una vida anterior, después de haber estado en esa tierra,  no tengo dudas de que vengo de allí.
Pero si Mundo Eslavo era la conclusión de catorce años de búsquedas, este lo es de absolutamente  todos los años desde que tengo conciencia, ya que desde la primera vez que le hice a mi padre la primera pregunta sobre mi abuelo, hasta poder poner un pie en esa tierra originaria, casi veinte años después, no hubo absolutamente nada, pero nada en mi vida que pudiera anteponerse a conocer Polonia y a mis familiares en vida. Desenmarañar la complicada historia familiar fue el principal objeto de mi vida desde entonces, la historia de un ser simple, como tantos otros, mi abuelo. De ocupación minero, muy laborioso como buen polaco, terco y obstinado también, pero por sobre todo muy patriota. No puedo hablar varias palabras seguidas sobre él y no hablar de la guerra,  (como es imposible hablar de Polonia misma sin hacerlo),  la guerra, el sometimiento, la lucha por la defensa de lo propio ha forjado literalmente el espíritu polaco tal cual hoy se conoce. Cada dato que averiguaba sobre él más me fascinaba poder saber algo más, por qué con cuarenta años, dos hijos, uno nacido precisamente cinco días antes del comienzo de la segunda guerra mundial, triste presagio familiar, y con esposa, puede dejarlo todo y a todos para ofrecerse como voluntario para pelear por su amada tierra polaca…¿Existe algo más sublime acaso?.
Armar este complicado rompecabezas no ha sido para nada fácil, ni rápido, entre el desconocimiento de mi propio padre, los silencios de mi abuela…y nadie más que pudiera aportar algo, he pasado años enteros con poco y nada en mis manos, pero con él convencimiento terco, como buen espíritu que he heredado de el, de que al final tarde o temprano podría armar esta historia familiar, para mí mismo, para mi padre, (víctima involuntaria si se quiere de la Segunda Guerra que también le había quitado de su lado a su propio padre a la edad que uno más lo necesita), y para todos los descendientes de polacos que como yo, llevan orgullosamente su origen y la misión que hemos aceptado naturalmente de preservar y difundir la cultura polaca sea donde sea que nos encontremos, en Sudamérica, Canadá, Australia, Africa o en el medio de la selva amazónica, serás Polonia y estarás viva donde sólo uno al menos te nombre, te viva, te ame…
Explicar con palabras, incluso para quien escribe, como yo, el inmenso, profundo y por sobre todas las cosas, Incondicional amor por esta patria originaria es totalmente imposible, y un intento condenado de antemano a fracasar. No se trata de que palabras utilizar, ni del léxico, ni de la forma poética, sencillamente, nunca se pueden plasmar sensaciones tan fuertes, tan profundas, que se guardan en un rincón del alma donde no puede acceder nadie.
Por eso, cuando un bendito nueve de Julio de 1997, a las 11 de la mañana, mi avión aterrizaba en la eterna Varsovia, monumento en sí mismo que resume todas las luchas y penurias de la milenaria nación polaca, ese día al menos, yo puedo decirle a todos que he sido la persona más feliz de este mundo (y de todos los que hubiese)…y nada ni nadie podrá disputarme, al menos ese día, ese gran y único privilegio, como nadie podrá hacerlo cuando puse un pié dentro de la casa donde se crió mi mismísimo abuelo Stanisław Sterczek, quien seguramente jamás pudo haber pensado que su nieto argentino iba a llegar allí, y …
¡Hablando polaco!
O haber estado en la misma iglesia de su pequeño pero hermoso pueblo natal, Wietrychowice, para muchos un lugar absolutamente desconocido o perdido en el mundo, pero para mí, “vientre matriz”… no puedo transmitir una mejor definición…
La calidez de la familia, tan típica hacia los visitantes, la hermosura de Cracovia, la imponencia de nuestra capital, símbolo torturado pero obstinado de que la cultura polaca no se puede asesinar a tiros, la incomparable belleza de sus paisajes, no fueron sin embargo, más que algo hermoso e inolvidable pero de alguna manera subordinado a lo primero: la búsqueda del pasado de mi abuelo y mis raíces familiares.
Cuando muy pequeño, recuerdo muy bien una serie extraordinaria, “Raíces”, la historia de un afronorteamericano que vuelve a Africa hasta llegar en tiempo lo más lejos posible hasta su más antiguo antecesor, Kunta Kinte. En ese entonces, sabía yo poco y nada con respecto a mi abuelo y a Polonia, pero siempre tuve la idea de realizar una búsqueda similar, salvando el tiempo y las distancias.
Por último, y aunque no parezca, tuve muchas resistencias para escribir este libro, no ajenas, si no propias. El hecho de hacer públicas situaciones familiares, búsquedas, angustias, sentimientos, pero no de gente desconocida si no de nosotros mismos, empezando por mí, mi padre, mi abuela, etc, no es una situación fácil ni amena por resolver. Pero lo que me terminó de convencer, es que la historia de esta búsqueda tan importante para mí, pudiera servir a otros para encarar algo similar con sus raíces. Por lo demás, y básicamente desde mi regreso de tierra polaca, fueron muchas las personas tanto dentro como fuera de la comunidad polaca que me alentaban a escribir algo referido a esta historia familiar.
¿Qué es un polaco sin pasado?: Nada
Para entender Polonia, hay que ir a su pasado, para entender a los polacos, hay que ir a su pasado, para poder viajar hoy y poder ”leer” a este pueblo fascinante del cual aunque he nacido lejos, me siento totalmente parte, hay que conocer su pasado también. Podría uno literalmente vivir en Polonia pero nunca llegar a conocerla si no sabe lo que esta tierra ha pasado y sufrido a lo largo de su rica, extensa pero trágica historia.
Recuerdo un día que caminando con mi tío ya anciano, y ex combatiente también, recorríamos un lugar hermoso en algún punto del Sur, yo estaba encantado con el clima, y particularmente con un cielo impactante y azul como pocos. Cuando mi tío me sugiere que me acerque para leer una placa que se anteponía a un pequeño monumento, me acerque y pude leer, “¡A la memoria de nuestros más queridos! Aquí descansan ochocientos niños judíos asesinados bestialmente el dos de Junio de 1942 por las tropas hitlerianas”… ahí cambió el cielo, se nublaron los colores, atardeció en pleno día, y para una persona con profunda concepción humanista como yo, ese lugar ya no podría volver a ser el mismo, ni parecerme tan hermoso como antes, a esto quiero llegar cuando sostengo que no creo posible conocerla, ni amarla con locura, si no se conoce su historia.

“De los escombros que dejó la bota nazi
Te alzaste nuevamente, hermosa,
No hubo, ni hay, ni habrá fuerza suficiente
Para borrar tu nombre:
¡Varsovia!

Hay momentos, personas y situaciones que difícilmente se olvidan en la vida de uno, y que por diferentes sensaciones, quedan grabados como momentos en que algo hace un click y con el tiempo y la vista analítica, uno los utiliza para recordar: “fue antes de, o después de”, y uno de ellos, enormemente importante para quien escribe, fue en la querida Sociedad Polonesa de San Martín, a comienzos de Abril del año 1995, en la primera clase de idioma polaco, a cargo de María Teresa Zeman (Mariszenka). Y en esa primera clase, pude por fin comenzar a comprender y hablar la lengua del abuelo, y recuerdo exactamente cuando ella decía: “Ahora, vamos a ver los días y los meses del año”…luego vendrían los colores, los saludos, etc…
¡Cuánto tiempo, y cuántas cosas han pasado después! Tan sólo dos años más tarde de pronunciar mi primera palabra en lengua polaca, mis pies temblorosos entraban a la casa de mi abuelo paterno en Wietrzychowice, a cien kilómetros de la hermosamente indescriptible Cracovia, capital eterna del corazón, ante un sol increíble que acompañaba el verano polaco.
Este libro no refleja una historia concluida en absoluto, ya que se sigue escribiendo día a día con mi propia vida y el contacto permanente que ahora tenemos entre la parte argentina y la polaca de nuestra familia, contacto que pude restablecer luego de setenta años de silencio, desde la llegada de mi abuelo a este país el diecisiete de Junio de 1926 en el buque “Almanzora”. Hoy, tengo tíos y primos, quienes a su vez han ido formando sus propias familias, y nada me podría satisfacer más que saber que ellos, quienes nos sigan, van a continuar también este legado.
En los rostros de ellos, adiviné el mío, en sus historias, comprendí las propias, en sus deseos y esperanzas, pude hallarme también, y un día, sentado a la mesa de mi familia, tomando la herbata (té) y conversando, en el primer día de estadía en ese pueblo, me pregunté, estando tan cómodo en todo sentido, ¿qué es la distancia, y cómo se mide?... porque a doce mil quinientos kilómetros de mi casa materna y el país donde nací y me crié, donde estudié y me fui formando como persona, nada parecía indicar en ese momento, que esa distancia en kilómetros  y en años existiese entre mi familia polaca y yo. Podría literalmente pensar que nací ahí mismo y que pasé toda mi vida allí, ya que lo único que recibí es afecto, cordialidad y la sensación de que todo eso, aunque parezca increíble, yo ya lo conocía…
Dedicado muy especialmente a toda mi familia, tanto en Argentina como en Polonia, dedicado muy especialmente también a toda mi amada comunidad polaca en todo el país, de la que soy parte orgullosamente como muchos buenos amigos que el tiempo y el destino han acercado a mí, un bien al que no se le puede poner precio, a todos los ex combatientes polacos diseminados por el mundo, a la Unión de Ex Combatientes Polacos de la República Argentina, y a todos los que en definitiva, quieran y sepan leerlo. Por último, es imposible escribir este libro sin una dedicatoria muy especial precisamente para ellos, todos mis familiares en Polonia, Władysław Gorla y familia, Isabella, Agnieszka, Małgorzata e Iwona Gorla, (como así también mis primos más pequeños quienes alegraron mi estadía, Małgorzata, Konrad y Krzyszek), Zdzisław Purchla y familia, Emil Sterczek, Janina Baszak, Tadeusz Sterczek, su señora Ela y mi prima Annia, como así también, quienes nacieron después de mi estadía y ya son parte de esta gran familia: Martynka, Kuba y Kacper.
Pero dejo esta última línea, para la dedicatoria más importante de este libro, para quien inspiró todo esto, y fue motivo y raíz de mi búsqueda, para quien aunque no tuve el honor de conocer, no pudo hablarme con palabras pero si con hechos, y a través de sus decisiones y de su vida incorporé el inmenso amor y orgullo por nuestra tierra polaca:



Para mi abuelo Stanisław Sterczek, voluntario en la Segunda Guerra Mundial.

Mi abuelo, con uniforme de guerra.

"TIERRA MADRE" - Nota introductoria

Tierra madre



Nota introductoria

Ya que este libro tiene como destinatarios tanto a los polacos y sus descendientes como los que no, me he tomado el atrevimiento de escribir unas breves notas sobre Polonia y las vicisitudes de un Estado que supo ser muy importante, y en determinadas etapas de la historia, perderlo todo, ser ocupado, diezmado, su lengua prohibida, sus recursos expropiados, y sin embargo, permanecer. Pero no permanecer de cualquier manera, si no permanecer siendo polaco.
Quizá sirvan para quien es ajeno, y quiera comprender por qué a setenta años de la Segunda Guerra Mundial, y cuando el mundo y las nuevas generaciones tienen otras inquietudes, un nieto de polacos, en pleno siglo XXI, escribe un libro para recordar a su humilde abuelo, ex combatiente, como tantos otros, en esa guerra indigna en la que Polonia toda estuvo más cerca que nunca de ser exterminada por las hordas nazis bajo órdenes de Hitler, quien también había ordenado la destrucción total de Varsovia, y la construcción de un lago artificial en su sitio…
Polonia es llamado en muchas ocasiones el país de las mil invasiones. Desde su bautismo en el año 966 de nuestra era, literalmente no ha conocido un solo año entero de paz. La estratégica ubicación geográfica, emplazada en el centro de Europa, y el hecho de ser una gran llanura fértil desde el Báltico hasta el inicio de las cadenas montañosas del sur la han convertido siempre en un blanco muy importante de las dos grandes corrientes invasoras del continente, la del Este, por donde llegaban hordas asiáticas (mongoles, turcos, tártaros, etc), y la del Oeste, desde donde Prusia (luego Alemania), y Austria se repartieron el territorio polaco junto con Rusia a finales del siglo XVIII.
Gran parte del duro y obstinado temperamento polaco se forjó ahí, tras las particiones y la completa pérdida territorial del que hasta entonces había sido uno de los Estados más importantes de Europa con aproximadamente 1.000.000 de Km2 a principios del siglo XVII.
No cuento en estas breves líneas con espacio suficiente para transmitir la importancia que el reino de Polonia/Lituania tuvo para la cristiandad, luchando en repetidas ocasiones contra las invasiones turcas que ya habían asolado Bizancio y los Balcanes, y manteniendo la fe católica como columna vertebral del ser polaco.
Polonia conmueve a los que la amamos, conmueve su nombre, en el idioma que sea. Conmueve su historia, plagada de luchas y resistencia heroica, el ver pelear a los niños, como en el mítico levantamiento de Varsovia, en 1944, peleando casi sin armas contra los alemanes, muchas veces ya sin sus padres que habían caído antes. Conmueve la bandera, porque está forjada con sangre, la de los millones que lucharon y cayeron por la tierra del águila blanca, símbolo nacional por excelencia.
Como también conmueven sus canciones, su rico folklore, su cultura. Polonia le ha dado al mundo un Papa que ha sido un ejemplo extraordinario del temperamento polaco que quiero transmitir, a sus escasos 20 años ya había perdido a su familia, estuvo encerrado en al campo de concentración de Auschwitz, sufrió la guerra como todos los demás, se ordenó sacerdote, dio misa de noche y muchas veces en botes ante la prohibición del sistema comunista impuesto a la fuerza tras la derrota del nazismo, y ya siendo Papa, desafió abiertamente a ese mismo sistema convencido de que ningún aparato, ni ejército, ni nada podría doblegar al pueblo polaco si no perdía su fe.
Predicó y viajó por el mundo como nadie, con un idealismo muy eslavo que nos caracteriza, idealismo que hace anteponer el suelo, la Tierra Madre, a los propios intereses personales o familiares, que hace por ejemplo, que un humilde minero nacido en un pequeño lugar llamado Wietrzychowice, ya casado y con dos hijos, dejase todo y a todos para acudir a ese grito, a esa defensa de lo natal, lo sagrado, lo que no se negocia porque no tiene precio.
Nos gusta pensar a quienes escribimos y nos sentimos parte del extenso e invalorable mundo de la literatura, que los libros son eternos. De alguna forma lo son, ya que cada persona, en la época que sea que lea alguno, lo mantiene vivo. Es emocionante pensar, que un libro nos sucede en tiempo, y si esto es así, para mí es increíblemente satisfactorio pensar, que cuando ya mi abuelo no está, y cuando yo mismo no esté, alguien, donde sea y en al año que sea, podrá leer “Tierra Madre” y tener una idea de lo que fue esa generación de héroes polacos que se va perdiendo por obvios motivos temporales, pero aún así, permanecer, permanecer en la memoria no solo mía y la de todos los que nos consideramos sus herederos, sino también en la memoria de cualquiera que lo lea.

“Za naszą i waszą wolność”
“Por nuestra y vuestra libertad”

(Joachim Lelewel)

"TIERRA MADRE" - Presentación, adhersiones y menciones

“Tierra Madre”, 

Editorial André Materón, 2014.




Tierra madre

“Nuestra fuerza consiste en nuestra rapidez y brutalidad, Genghis Khan condujo al matadero a millones de mujeres y niños con premeditación y alevosía, y la historia sólo lo muestra como el fundador de un Estado. Me tiene sin cuidado lo que la débil civilización de Europa occidental diga de mí. He indicado que nuestras aspiraciones en la guerra no consisten en alcanzar determinadas líneas sino la destrucción física del enemigo. Consecuentemente tengo listos mis arietes (las SS) por ahora sólo en el Este con órdenes de matar cruelmente y sin compasión a hombres, mujeres y niños de origen e idioma polaco. Sólo así ganaremos el espacio vital que necesitamos. Después de todo,

¿Quién se acuerda hoy del aniquilamiento de los armenios?”

Adolf Hitler, veintidós de Agosto de 1939
A nueve días de invadir Polonia…


Este libro está dedicado a todos los polacos que desde el primer día lucharon por la tierra madre y a todos sus orgullosos descendientes en Polonia y en el mundo.


  
Agradecimientos y menciones

Agradezco enormemente a las siguientes instituciones por el apoyo a este libro:

Sociedad Cultural Argentino-Polaca (A.C.A.P.)
Sociedad Polonesa de Rosario “Federico Chopin”
Sociedad Polonesa de San Martín
Conjunto de danzas polacas “Zaloty”
Conjunto de danzas polacas “Wesoły Ballet”
Asociación Polonesa de San Justo “Mikołaj Kopernik”
Asociación Polaca de Córdoba
Círculo Juvenil Polaco de Córdoba
Sociedad Polaca de Wilde “Adam Mickiewicz”
Asociación de Estudiantes Polacos en Argentina “S.S.P.A.”
Unión Polaca de Berisso
Asociación Polaca de Posadas
Sociedad Polaca de Oberá
Polska Maciesz Szkolna

"HIJA DEL CÁUCASO, un viaje hacia el dolor armenio" - Prólogo - Agradecimientos y Menciones

-“Hija del Cáucaso, un viaje hacia el dolor armenio”, 
Editorial André Materón, 2013.




Prólogo

La historia del genocidio armenio puede explicarse de diferentes maneras, pero yo prefiero esta vez comenzar por una síntesis que sus nefastas consecuencias han tenido para la humanidad. Es el intento brutal de ocultarle al mundo la muerte de 1.500.000 personas.
Es el intento de parte del estado turco de exterminar a un pueblo entero con los métodos más perversos y sanguinarios y que pase inadvertido para el mundo. Es en intento de robo a una nación más grande de toda la historia, ya que con la muerte de los habitantes venía el consecuente reparto de sus bienes, el cambio de nombres armenios por otros turcos, el falseamiento de la historia, y una gigantesca operación mediática para hacer entender a los propios y ajenos, que eso nunca había sucedido.
El negacionismo turco consiste precisamente en eso, negar los hechos, negar la sola existencia del término ”Genocidio Armenio”, el cual además está penado por el artículo 301 del código penal con penas de entre seis meses y tres años para quienes hagan mención de esto.
Mientras tanto, la comunidad armenia seguirá en pie de lucha en el mundo entero sin bajar los brazos. Ellos le ofrecen al mundo entero su dignidad, la de hacer justicia no sólo por sus abuelos, sino para evitar genocidios futuros. Yo seguiré ofreciendo mi verguenza, la de pertenecer al 99,9 % de la población del mundo no armenia, mundo que hace casi un siglo dejó sola a una nación culturalmente única para ser masacrada por el estado turco sin ningún miramento ni distinción entre la población civil, porque precisamente todos los armenios debían ser exterminados. Había que asegurarse que no haya más descendencia masculina asesinando incluso a bebés recién nacidos en sus propias cunas.
El mundo, precisamente este mundo que suele comprender las cosas mal y tarde, es el que también está en deuda con todos los armenios. Resulta indignante ver lo poco que se habla del tema y lo poco que se lo tiene en consideración desde todo punto de vista.
Mientras tanto, la comunidad armenia seguirá en pie de lucha, honrando a sus abuelos y a su cultura milenaria, mucho más antigua que cualquier nación occidental. Ellos ofrecerán dignidad, yo, seguiré ofreciendo mi vergüenza.
Si el genocidio armenio no es condenado, será verdaderamente el peor ejemplo que podemos darle a todos, porque si eso sucede, significa que cualquiera puede levantarse un día y exterminar a cualquier minoría y que eso quede impune y que además, sirva de ejemplo a otros genocidas, como sucedió con Adolf Hitler, quien justamente se basó en las enormes deportaciones que los turcos hicieron con los armenios para repetirlo con los judíos y eslavos entre otras minorías durante la segunda guerra mundial.
El no reconocimiento de este crimen contra la humanidad nos expone a todos, armenios y no armenios, nos vuelve más frágiles, inseguros. Si se pudo exterminar a 1.500.000 personas en pleno siglo XX, ¿Quién puede realmente asegurar que a ninguno de nosotros no nos va a pasar?

“Tu voz, que se hizo diáspora”…



Agradecimientos y menciones

Este libro está dedicado a un gran número de gente. Si se me permite el atrevimiento, quisiera y sinceramente desearía que tenga la dedicatoria más amplia que un libro pueda tener.
Este libro, en primer lugar, está dedicado a las víctimas, a ese millón y medio de armenios masacrados en forma infame por el estado turco.
Pero se lo dedico también, a los victimarios.
Y a los que lo niegan, o dicen que nunca ocurrió, que es una exageración, que los hechos no fueron asi, etc.
Se lo dedico a los habitantes de la actual República de Armenia, poseedores de un extraordinario y lamentablemente desconocido patrimonio cultural, y a los valientes habitantes de Nagorno Karapagh, que viven resistiendo las afrontas victimarias para asegurar la armenidad en esa tierra con sus propias vidas.
Se lo dedico a la comunidad armenia en Argentina en su conjunto, ya que son para mí un extraordinario ejemplo de lucha y perseverancia ya que mantienen viva, contra todo y contra todos, la llama de la verdad por el reconocimiento del genocidio del que fueran víctimas sus propios abuelos y familiares, frente a la llama de la indiferencia que devuelve el mundo al desinteresarse en este crimen de lesa humanidad.
Se lo dedico a la diáspora armenia en el mundo entero, semillas forzadas que fueron arrancadas de sus tierras ancestrales de la peor forma posible, y que hoy son Armenia estén donde estén y vayan donde vayan.
Se lo dedico a todos los armenios.
A todos los turcos.
A todos los habitantes del mundo más allá de su origen, a todos los que sufrieron un genocidio, a los que miraron hacia otro lado, a los que denunciaron, a los que callaron, a los que leerán este libro, a los que no.
A todos los que tengan la dignidad suficiente para sumarse a la lucha por la causa armenia y por el fin de cualquier actividad genocida en todo el mundo.

“Descansen en paz hermanos. El veredicto de la historia jamás faltará a la cita”


Gustavo Fernando Sterczek

“HIJA DEL CÁUCASO, un viaje hacia el dolor armenio” - Poemas seleccionados

“Hija del Cáucaso,
un viaje hacia el dolor armenio”




Antigua y Desolada



Antigua y desolada te vi, Armenia,
Recorriendo el fruto de tu vientre
Perdido entre la arena.
Mirando al cielo,
Clamando por tus hijos,
Tu mirada era tan fuerte
Que cruzaba el Cáucaso,
Pero se perdía en Europa,
En el silencio atroz
De los que callaron…
Antigua y desolada te ví, Armenia,
Llevabas tú sola la cruz de Cristo,
Y aunque caías una y otra vez
En el camino,
Nadie se te acercaba.
Sonaba una suave melodía,
Y tu canto te acompañaba,
Pero no era festivo,
Era un lamento,
Y el duduk sonaba
Más triste que nunca.
Antigua y desolada te ví, Armenia,
Clamando la inocencia perdida
En la noche del desierto,
La riqueza de milenios
Extirpada en el saqueo,
Tus monumentos profanados,
Tus iglesias como establos.
Antigua y desolada te ví, Armenia,
Más triste que nunca,
Tus ojos,
Tus hermosos ojos
Me querían hablar,
¿Qué habrán visto esos ojos,
Que te hielan la sangre?
Cuántas infamias,
Cuántos tormentos,
Cuánta vida profanada
Bajo las montañas sagradas,
Cuánta desidia dejó el hombre
En tu camino,
Al dejarte caminar tan sola.
Tu cruz se cae y la levantas,
Estas exhausta pero sigues
El camino se vuelve eterno.
¿Hacia dónde vas?
¿Hacia dónde van tus ausencias?
Antigua y desolada te ví, Armenia,
Y sólo pude verte una vez más.
Te pierdes entre las montañas,
Te vas haciendo más chica,
Todos piensan que desaparecerás,
Pero yo sé que no,
Te conozco,
Aprendí a conocerte,
Aprendí tu música, tus cuentos, tus leyendas,
Aprendí la de de Hayk,
El patriarca,
La epopeya del gran Vartán.
Recorrí tus danzas,
Hablé con tus gentes,
Comí de tu mesa
El hummus, el baklavá.
Yo sé que no,
Que no te irás.
Aunque te quede sólo una prenda
En medio del desierto,
Yo sé que no.
Sé que la niña se hará mujer,
Y el niño, hombre.
La arena se volverá tierra,
Y la piedra, montaña.
El lamento, música,
El desamparo, un hogar.
Vas a cantar,
Vas a danzar como antes lo hacías,
Aunque tengas que ver
A tu enemigo
Para ver a tu Ararat.
Tu cruz, tu cruz es la más antigua,
La más sabia, la más profunda,
Tu cruz, será eterna,
No la dejes nunca,
Ella, no te dejará.
Antigua y desolada te ví, Armenia,
En medio de la nada,
En medio de la muerte,
En medio de los chacales
Y la bestia del  Asia.
Quise gritar con vos,
Pero nadie escuchaba.
Así terminó,
Así te vi, por última vez.
Hoy sólo puedo
Ofrecerte mi vergüenza,
Y la de los míos.
Antigua y desolada te vi, Armenia
Y no pude hacer nada…


-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-


DIME QUE ES MENTIRA

Dime que es mentira,
Dime, en este instante,
Que la muerte será redimida.
Dime que es mentira,
Que Armenia quedará perdida.
Dime que es mentira,
Que las filas enormes
Que avanzan y avanzan
Morirán por nada.
Dime que es mentira,
Que la bestia de Asia
Silenciará tu grito.
Dime que es mentira,
Que pasarán cien años
Y el genocida libre.
Dime que es mentira,
Que callará la arena
Igual que lo hará el hombre.
Dime que es mentira,
Que tu aldea arrasada
Será borrada del mapa.
Dime que es mentira,
Que llorarán tus nietos
Sin encontrar consuelo.
Dime que es mentira,
Que muchos preferirán
Pensar que quedó resuelto.
Dime que es mentira,
Que tus ojos abiertos
Ya no verán más el cielo.



Gustavo Fernando Sterczek